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La nieve (mucha)



Cuando yo era pequeña los informes metereológicos no eran lo que son hoy en día así que a veces la naturaleza te daba bellas sorpresas. Monterrey es y siempre ha sido una ciudad con unas temperaturas de locos. Se dice que el promedio de temperatura es de veinte grados porque un día hace un calor de cuarenta y al siguiente hay cero... parece chiste pero se acerca a la verdad.
El caso es que el día domingo 8 de enero de 1967 unas amigas habían ido a merendar con mi hermana porque había cumplido diecinueve años el lunes anterior y al haber caído entre semana no habían festejado antes. Esa tarde estuve con ellas, yo tenía cuatro años y pocos meses y no les molestaba que estuviera siempre por en medio. Recuerdo que una de ellas tocaba el acordeón y me impresionaba mucho porque me parecía alucinante que una mujer tan bonita y alta como ella pudiera sacar música de semejante trasto. Lo que también recuerdo es que no me dejaba tocarlo ni con la punta del dedo... no sé si conocía mis andanzas con el destornillador o era simple precaución.
El caso es que recuerdo que esa tarde estuvieron muy divertidas haciendo bromas por teléfono (en los tiempos previos al identificador de llamadas), bebiendo cocacola, comiendo pastel, cantando, bailando y hablando de sus cosas. Hacía un frío horroroso.
Temprano, antes de la hora de cenar se fueron despidiendo y nos quedamos en casa solamente la familia. Mis papás consiguieron acostarme temprano, al día siguiente era lunes y todos (menos yo) tenían cosas que hacer.
Recuerdo que a la mañana siguiente (9 de enero) mi papá nos despertó a todos con el grito de:
¡¡¡ESTÁ NEVANDO!!! Para mi era un novedad, pero después de todo a los cuatro años hay pocas cosas que no sean una novedad. Papá cuenta que al despertarse antes que todos los demás como era su costumbre, fue a la cocina a prepararse un café. Se asomó por la ventana que daba al pequeño patio que teníamos y vio que estaba todo blanco. Como estaba medio modorro pensó que mamá había dejado sábanas tendidas... cómo nos reímos de su razonamiento años después...
Cuando se dio cuenta que aquello era nieve corrió a despertarnos a todos y con razón. La última vez que había nevado de esa manera en Monterrey había sido en el siglo XIX. En la noche había comenzado a nevar y no paró hasta bien entrada la mañana. Mis hermanos salieron a la calle, compraron rollo para la cámara fotográfica, peearon con bolas de nieve y se dieron sendos porrazos porque se resbalaron en la acera. En Monterrey nadie sabíamos lo que era una nevada, ni siquiera los más mayores. Recuerdo que apenas pudieron salir de casa mis papás fueron a recoger a la hermana de mi abuela que vivía sola para que no estuviera sin compañía con tanto frío. Mi papá me hizo un pequeño muñeco de nieve que metió a la casa en un platito de plástico para que pudiera tocarlo. A mi no me dejaron asomar la nariz a la puerta... ¡la niña se podía enfermar!
Quizá si hubieran sabido que era un evento histórico que no se iba a repetir hasta el día de hoy con tanta fuerza, se lo hubieran pensado mejor. Según algunas fuentes cayeron 40 cm de nieve, otras dicen que fueron 60... lo cierto es que es algo que ninguno de los que vivíamos en esa época pudimos olvidar nunca.
En Youtube encontré este video familiar de alguien que me ha permitido colgarlo en mi blog. Si mi familia hubiera tenido una cámara de video posiblemente podría mostrarles las caras de mis padres y hermanos pero es igual... en ese día todo Monterrey vivió "la nevada" con la misma felicidad.

6 comparten mis recuerdos:

güertana dijo...

el día que nieva es divertido, al día siguiente ya esperas que desaparezca y al día siguiente ya estás harta de la puta nieve. Esto es lo que me pasa a mi.
Tú has estado 42 años sin nieve y yo espero que se pasen 42 años hasta que la vuelva a ver, me he pasado la mañana tirada por carreteras nevadas y heladas y he llegado a casa besando el suelo.

Candela dijo...

tu padre te hizo un muñeco de nieve en miniatura para que la tocaras, jajaja, qué bonito, para compensar no dejarte salir. Muy graciosa la anécdota de creer que había sábanas tendidas jajajajaa. Yo tengo solamente un remoto recuerdo de la nieve, y era poca. Tengo que contarlo! Gracias, estas cosas podrían llamarse recuerdos encadenados. Un beso.

Pena Mexicana dijo...

güertana: lo siento mujer... es que no hay como las pequeñas dosis desde lo calentito de casa :)
Ánimo, que ya queda menos para que se acabe el invierno jajajaja

Candela: Gracias me dices? pero si eres tú la motivadora de este blog! Besos

salvadorpliego dijo...

Precioso!!! Muy bonito este escrito.
Te felicito y aplaudo tus letras.

Un verdadero placer leerte.
Saludos.

Pena Mexicana dijo...

Salvador... me halagas :) casi casi haces que me ponga roja. Saluditos.

Patricia 333 dijo...

Nunca voy a Olvidar ese dia

Toda la gente aqui en Monterrey no lo podiamos
creer ....

Un Gusto poder estar en tu Blogg :)

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